Mis pies son un asco.
Digo, ¿para qué engañarlos por más tiempo?
Preferirían llevarse a la boca el chicle masticado que tapa el lavabo de un baño público, que tocar los talones de mis pies (aunque probablemente tengan la misma textura y cantidad de microbios).
Y si bien, ese no es el tema central del post, sólo quería asquearlos (ja... no es verdad, aunque sé que lo logré) fue el pretexto para relatarles y prevenirlos sobre los usos incorrectos de esta crema:
La encontré en el buró de mi papá. Esos pies tan bonitos en el empaque fueron mi garantía, pero sólo por no dejar revisé la etiqueta de la parte de atrás: "humecta, suaviza y protege tus pies" -justo lo que necesito-. Como es costumbre en la citada sección y tratándose de un productos por el estilo, sencillamente ignora las INSTRUCCIONES DE USO. ¿O me van a decir que ustedes revisan siempre las del champú, desodorante, cremas y demás?
La unté con singular alegría y a pesar del grosor de mis talones, como que alcancé a sentir mis piés humectados, suavizados y protegidos. Frescos, frescos.
Seguí con mi vida y con el resto de mis rituales de humectación. De repente, la cara me empezó a arder... como si trajera una mascarilla de alcanfor, VapoRub, Listerine y d'ese ungüento para el dolor muscular que enfría y luego calienta muy mamón.
Fue como recibir 237 bofetadas de los pingüinos de Halls por minuto. "Listilla desde chiquilla...": no me lavé las manos y los menjurjes de la cara y mis patas se mezclaron.
Pero mi astucia impidió que repitiera el ligero descuido del día anterior, y hoy, en cuanto terminé de aplicarla, lavé mis manos. Córdova Villalobos y Ebrard estarían orgullosos.
Lo malo es que traía los pies todos viscosos y luego luego busqué dónde pisar para no recoger toda la porquería del suelo. Ésa superficie fueron mis pantanlones...
Ajá...
Los mismitos que usé hoy. ¿Qué les puedo decir? Las bofetadas de los pingüinos se convirtieron en nalgadas.